lunes, 20 de junio de 2011

Nido de Cóndores



En la negra tiniebla se destaca
como un brazo extendido hacia el vacío
para imponer silencio a sus rumores,
un peñasco sombrío...

¡Todo es silencio en torno! 
Hasta las nubes van pasando calladas,
como tropas de espectros que dispersan
las ráfagas heladas.

¡Todo es silencio en torno!
Pero hay algo en el peñasco mismo,
que se mueve y palpita cual si fuera
el corazón enfermo del abismo.

Es un nido de cóndores, colgado 
de su cuello gigante,
que el viento de las cumbres balancea
como un pendón flotante.

Es un nido de cóndores andinos
en cuyo negro seno
parece que fermentan las borrascas
y que dormita el trueno.

Aquella negra masa se estremece 
con inquietud extraña:
es que sueña con algo que lo agita
el viejo morador de la montaña.

No sueña con el valle ni la sierra,
de encantadoras galas;
ni menos con la espuma del torrente
que humedeció sus alas...

No sueña con la nube voladora
que pasó en la mañana
arrastrando en los campos del espacio
su túnica de grana...

Es algo más querido lo que causa
su agitación extraña:
Un recuerdo que bulle en la cabeza
del viejo morador de la montaña.

En la tarde anterior cuando volvía 
vencedor inclemente,
trayendo los despojos palpitantes
en la garra potente;
bajaban dos viajeros presurosos
la rápida ladera;
un niño y un anciano de alta talla
y larga cabellera.
Hablaban en voz alta, y el anciano
con acento vibrante,
"_Vendrá- exclamaba_el héroe predilecto
de esta cumbre gigante"

El cóndor al oírlo, batió el vuelo;
lanzó ronco  graznido,
y fue a posar el ala fatigada
sobre el desierto nido...

Enjambres de recuerdos punzadores
pasaban en tropel por su memoria,
recuerdos de otros tiempos de esplendores,
de otros tiempos de glorias...
Una mañana, inolvidable día
ya iba a soltar el vuelo soberano
para surcar la inmensidad sombría
y descender al llano...
cuando sintió un rumor nunca escuchado
en las hondas gargantas de occidente:

...choque de armas y cánticos de guerra
resonaron después.Relincho agudo
lanzó el corcel de la argentina tierra,
desde el peñasco mudo
y vibraron los bélicos clarines,
del Ande gigantesco en los confines.
Crecida muchedumbre se agolpaba
cual las ondas del mar en sus linderos;
infantes y jinetes avanzaban,
desnudos los aceros,
y, atónita al sentirlos, la  montaña
bajó la frente y desgarró su entraña.

¿Dónde van? ¿Dónde van? Dios los empuja, 
amor de Patria y libertad los guía:
¡Donde más fuerte la tormenta ruja,
donde la onda bravía
más ruda azote el piélago profundo,
van a morir o libertar el mundo!

Pensativo, a su frente cual si fuera 
en muda discusión con su destino,
iba el héroe inmortal que en la ribera
del gran río argentino,
al león hispano asió de la  melena
y lo arrastró por la sangrienta arena.
El cóndor lo miró, voló del Ande
a la cresta más alta, repitiendo
con estridente grito:"¡Este es el grande!"
Y San Martín oyendo,
cual si fuera el presagio de la historia,
dijo a su vez:"¡Mirad! Esta es mi gloria!"...

¡Desde entonces, jinete del vacío,
cabalgando en nublados y huracanes,
en la cumbre, en el páramo sombrío,
tras hielos y volcanes,
fue siguiendo los vívidos fulgores
de la bandera azulde sus amores!...

¡Siempre tras ella, siempre! Hasta que un día
la luz de un nuevo sol alumbró al mundo;
el sol de la libertad que aparecía
tras nublado profundo,
¡Y envuelto en su magnífica vislumbre
tornó soberbio a la nativa cumbre!
¡Cuántos recuerdos despertó el viajero,
en el calvo señor de la montaña!
Por eso se agitaba entre su nido
con inquietud extraña;
y, al beso de la luz del sol naciente,
volvió otra vez a sacudir las alas
y a perderse en las nubes del oriente!
¿Adónde va? ¿Qué vértigo lo lleva?
¿Qué engañosa ilusión nubla sus ojos?

Va a esperar del Atlántico en la orilla,
los sagrados despojos
de aquel gran vencedor de vencedores,
a cuyo solo nombre se postraban
tiranos y opresores

Va a posarse en la cresta de una roca,
batida por las ondas y los vientos,
¡Allá donde se queja la ribera
con amargo lamento
porque sintió pasar planta extranjera
y no sintió tronar el escarmiento!
¡Y allá estará! Cuando la nave asome
portadora del héroe y de la gloria.
Cuando el mar patagón alce a su paso
los himnos de victoria,
volverá a saludarlo, como un día
en la cumbre del Ande,
para decir al mundo: ¡Este es el grande!


Hermoso poema épico de Olegario Víctor Andrade (Mayo 1877) Un homenaje al General San Martín. El viejo cóndor recuerda el paso del general y su ejército por los Andes, lo que tiempo después motiva al ave a remontar el  vuelo para esperar los restos del héroe de vuelta a su patria. Debido a su longitud he tenido que suprimir, muy a mi pesar, algunos versos. El poema puede leerse completo en la siguiente dirección: http://www.blogger.com/post-edit.g?blogID=114689704297470143&postID=5902534023201645544

Olegario Víctor Andrade (1839-1882)













3 comentarios:

  1. Un abrazo, Raquel, me encanta esta entrada. Genial el poema. Seductora la composición aquí pautada. Y San Martín, dentro de su gloria, cuando se encuentra con Bolívar reconoce en este su grandeza y deja la historia para Bolívar, pero hoy admiramos a todos ellos, libertadores de América.

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  2. Los invito a seguir dos blogs que abrieron dos amigas, para que les escriban y estimulen como blogueras nuevas que son.

    Son:

    1)Póngale cola al burro:

    http://pongalecolaalburro.blogspot.com/

    2) Marcelerías:

    http://marcelerias.blogspot.com

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  3. Gracias William por tu visita y por tus comentarios.
    Me voy a los blogs que mencionas. Un abrazo.

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