sábado, 3 de diciembre de 2016

Volver a encantar la vida...




Cuenta la escritora Marianne Williamson ("La edad de los milagros") que cuando pequeña sus padres la llevaban a un restaurante que en la noche decoraban con luces y burbujas de colores. Ante sus ojos de niña era mágico. Mientras todos cenaban ella se dejaba llevar por su imaginación. 



Este relato me recuerda la fascinación que el nacimiento con sus personajes y luces tenían cuando yo era pequeña. Pasaba largo tiempo contemplándolo e imaginando lo que hablaban y hacían sus pequeños personajes bajo la iluminación tenue de los bombillos multicolores. 



 Han pasado cualquier cantidad de años y siento exactamente la misma emoción ante la vista del portal que todos los años hacemos en Navidad. Incluso la pregunta cajonera se repite siempre cuando lo hemos terminado:
_ ¿Cuál de todos esos personajes te gustaría ser?



Y revisamos cada uno de ellos, valoramos lo que hace y hasta donde está ubicado, y al final decidimos…Pero  muy al final…cuando con nuestra imaginación puesta en el pastor, o en el chico con el perro, en el pintor, en la niña o en su mamá decorando el árbol,…dejamos de ser nosotros y hemos sido por un lapso de tiempo, alguno de ellos.



A medida que crecimos fuimos desencantado la vida. Tal vez, a nuestra mediana edad, sea conveniente volverla a encantar. Y decidirnos al fin, vivir de otra manera los valiosos años que nos quedan…siendo lo que queremos ser y haciendo lo que queramos hacer, con amor, pasión y un poco de magia de la que nuestra imaginación siempre nos puede proveer. ¡Feliz Navidad!






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